La llamada Agenda 21 es uno de los acuerdos internacionales más importantes para frenar el deterioro al medio ambiente
ocasionado por los modelos de explotación de los recursos que descuidan el bienestar de las generaciones futuras. Al analizar
los contenidos de este programa de acciones que busca impulsar el modelo llamado desarrollo sustentable, el autor mexicano
Edgar González Gaudiano ha referido frecuentemente que la palabra más mencionada, después de “nación”, era “educación”.
Lo anterior no es una casualidad, pues en los últimos años se ha ido generando un consenso acerca de la importancia de la
educación en la búsqueda de cambios en las actitudes y concepciones con las que desde el nivel individual hasta el de las
empresas y naciones nos relacionamos con el ambiente. La UNESCO ha sido la encargada de promover lo que actualmente se
denomina educación para el desarrollo sustentable, y a partir del 2002 ha estado promoviendo, con bastante éxito, que esta
política sea adoptada por todas las naciones. Dicho paradigma educativo no se limita a promover la salvaguarda y el
conocimiento de los recursos naturales, sino que busca generar reflexión y acción en torno a temáticas como justicia social,
democracia, dignidad, salud, identidad, y patrimonio cultural.
México ha participado en la generación de estos documentos y reflexiones,  y ha signado los acuerdos internacionales de ahí
derivados. En 2005 en nuestro país se elaboran los acuerdos nacionales para la educación para la sustentabilidad, en los que
participan todas las instituciones y dependencias relacionadas con la educación y el ambiente. Además, una multiplicidad de
actores de la mayoría de los estados en México, delinearon sus estrategias estatales, para posteriormente llegar a un consenso
nacional sobre la forma de integrar a la educación ambiental en todos los niveles educativos, así como en la educación no
formal (la que sucede fuera del aula) y en los medios de comunicación.
Veracruz cuenta ya con su estrategia de educación ambiental, para la que es muy importante la generación de programas
que consideren las muy particulares condiciones, necesidades y problemáticas de cada región del estado. Es por ello que desde
el año 2000  la dirección de la Reserva de la Biosfera “Los Tuxtlas”, apoyada por la agrupación Sendas, A.C., ha venido
trabajando en la construcción de una estrategia de educación ambiental específica para dicha área natural protegida.
Los Tuxtlas
Esta región se encuentra entre las más interesantes y relevantes desde el punto de vista cultural y biológico de nuestro país,
pues a través del tiempo se ha enriquecido con las aportaciones de las poblaciones indígenas (olmeca, nahua, popoluca,
mixteca, entre otras), europeas y africanas, lo que se refleja en su rico bagaje cultural: vivienda, alimentación, costumbres,
fiestas, lenguaje, vestido, etc. En el aspecto biológico destaca por su enorme biodiversidad, reflejada en más de 14 ecosistemas
(lagunas, zonas costeras, selvas, manglares, bosque de niebla, pinares y encinares, entre otros) y en la existencia de un
sinnúmero de especies vegetales y animales, algunas de ellas únicas en el mundo.
A pesar de toda esta riqueza, la región ha sufrido en los últimos años un fuerte deterioro en sus recursos naturales y en la
calidad de vida de su población. Enormes extensiones de selvas y bosques se han talado o incendiado; muchos ríos y lagos se
encuentran contaminados; la tierra se ha erosionado y la productividad ha disminuido; buena parte de la población sólo
encuentra una solución a sus necesidades económicas migrando a los Estados Unidos.
En este contexto, el decreto del 23 de noviembre de 1998, qué aunó en uno definitivo a los precedentes de la zona, ha
terminado por conformar la Reserva de la Biosfera “Los Tuxtlas”, constituyéndose en un importante paso que permite
proteger los recursos naturales no sólo por su valor intrínseco, sino también por su importancia para la vida de las
comunidades de esa región y de las ciudades cercanas (Coatzacoalcos, Acayucan, Minatitlán). Sin embargo, los decretos y
leyes no son suficientes por sí mismos ni en México ni en otros países. Es necesario que la población conozca la importancia de
su patrimonio cultural y natural, y sea consciente de los procesos que los dañan o empobrecen, y las alternativas que existen.
El convencimiento y el involucramiento de la población  funcionan mucho mejor que las medidas restrictivas y coercitivas.
La estrategia de educación ambiental.
Es por todo lo anterior que desde hace varios años, colaborando con la Dirección de la Reserva, la asociación civil SENDAS ha
desarrollado lo que llama “Estrategia de sensibilización y educación ambiental para la Eco Región Los Tuxtlas”.
Uno de los elementos centrales de dicha estrategia consiste en no sustentar este tipo de actividad pedagógica únicamente en
los recursos materiales y humanos de las asociaciones ambientalistas, ONGs, instituciones de educación superior y la
dirección del área protegida, como sucede en muchos casos. Se pretende, en cambio, que un conjunto más amplio de
instituciones educativas y organizaciones sociales jueguen un papel activo en la educación ambiental. En los últimos años se
ha venido trabajando, por ejemplo, con distintas dependencias de la Subsecretaría de Educación Básica de la SEV, con el
Instituto Veracruzano de Educación para los Adultos, la Universidad Veracruzana Intercultural, el Consejo Nacional de
Fomento Educativo, y con redes de organizaciones que realizan proyectos ecoturísticos y productivos.
La idea es generar una comunidad de aprendizaje sobre el tema de la educación y capacitación ambiental para la
sustentabilidad en la que participen instituciones, organizaciones y la población en general, y también desarrollar
materiales de apoyo didáctico y de comunicación que permitan el avance de las políticas públicas que tienen como eje
vertebral la existencia de la mayor área natural protegida de Veracruz: la Reserva de la Biosfera “Los Tuxtlas”.  
El reto no es menor, pues se busca a través de esta labor educativa cambiar esquemas mentales y prácticas productivas que a
pesar de que han venido dañando a la naturaleza y a la población, se encuentran muy arraigados: la tala de selva para uso
agrícola y ganadero; el predominio de la agricultura industrial-química; la agresiva imposición de una cultura
hiperconsumista y culturalmente desarraigada; las inercias institucionales que impiden la innovación de los modelos
educativos; la desvinculación entre los centros escolares y sus comunidades; la falta de formación de los funcionarios públicos
sobre los temas de la sustentabilidad y la desvinculación de políticas entre las instituciones gubernamentales.
Sin embargo, existen también muchas personas, agrupaciones e instituciones que con mucho entusiasmo nos encontramos
buscando alternativas. En este espacio estaremos dando cuenta de las experiencias y avances del proyecto de educación y
sensibilización ambiental. Esperamos con ello generar una mayor conciencia acerca de la importancia de este tipo de
iniciativas en la conservación de recursos y en la calidad de vida de las comunidades y regiones.

*Texto y fotografías: Helio García Campos y Demián Ortiz Maciel (Sendas, A.C.)
Construyendo una Estrategia de Educación Ambiental para Los Tuxtlas.
En la región de Los Tuxtlas-Santa Marta, lo que hasta hace un tiempo era un sueño de unos cuantos, se ha convertido en un
esfuerzo compartido en proceso de consolidación: se trata del desarrollo de una estrategia de educación ambiental
regionalizada, es decir, diseñada específicamente para las características, necesidades, problemáticas y actores sociales de
esta zona tan importante desde el punto de vista de la biodiversidad, la cultura y los servicios ambientales.

Podría pensarse que los caminos para la conservación estarían allanados tras haberse decretado la creación de la Reserva de
la Biosfera Los Tuxtlas hace casi nueve años, y al haber sido estudiada la relevancia de la zona para la recarga de mantos
acuíferos y para la biodiversidad. Pero la realidad no es tan sencilla: diversos daños ecológicos se siguen presentando a
menudo (incendios, contaminación, deforestación, sobreexplotación de recursos, extracción de especies protegidas, etc.).

Sucede que las investigaciones, las recomendaciones, las regulaciones y decretos no sirven de mucho si no son comprendidos,
aceptados y adoptados por quienes cotidianamente interactúan con la región que se desea proteger. Esto quiere decir que
para preservar y restaurar la riqueza natural de Los Tuxtlas es indispensable el apoyo de los diversos sectores sociales. Pero
para que su participación realmente tenga un impacto positivo, debe estar basada en información y análisis bien
fundamentados; además de contar con estrategias y organización que permitan optimizar los recursos y las voluntades.

Por lo anterior, desde el año 2005 el proyecto Manejo Integrado de Ecosistemas (MIE-GEF)  de la Dirección de la Reserva de la
Biosfera, con el apoyo de la asociación civil Sendas A.C., ha venido trabajando con diversas instituciones y organizaciones
para definir y llevar a cabo una estrategia de educación ambiental tanto para la zona de amortiguamiento de la Reserva
(donde viven cerca de 33 mil personas); como para su zona de influencia, donde se encuentran ciudades y cabeceras
municipales como Santiago y San Andrés Tuxtla, Catemaco, Tatahuicapan, Soteapan, Minatitlán y Coatzacoalcos, que en
conjunto tienen más de un millón de habitantes.

Desde el principio ha habido la intención de superar diversas inercias que son bastante comunes en el ámbito de quienes
trabajamos en la educación y sensibilización respecto al ambiente: dispersión de esfuerzos; escasez de recursos humanos,
oportunidades formativas y materiales de apoyo; simplificación de las problemáticas y las estrategias que sólo atacan sus
aspectos más superficiales; sectorialización del trabajo ambiental; enfoques e información demasiado general o diseñada para
otros contextos, etc.

Por ello, se ha llevado a cabo una labor paciente y bien planificada, basada en las siguientes líneas de trabajo :

1.- Generar espacios de aprendizaje y encuentro en los que participemos representantes de distintas instituciones,
organizaciones y sectores sociales interesados en promover una mejor y mayor cultura ambiental, de manera que cada
quien aporte sus experiencias y conocimientos; y para que pueda darse un reconocimiento y un apoyo a los objetivos
compartidos. A esto le llamamos Comunidad de Aprendizaje.

2.- Llevar a cabo una labor de sensibilización ante distintas instituciones, para invitarles a que destinen mayor atención y
recursos al tema de la educación ambiental.

3.- Conscientes de que los recursos económicos y humanos actualmente destinados a esta área son reducidos, en vez de
intentar que un pequeño grupo de trabajo llegue a una población tan numerosa como la que hay en la región, se ha
privilegiado la estrategia que llamamos “formación de formadores”, es decir, apoyar la capacitación de las personas que
inciden en el ámbito educativo de la región. Se trata no sólo de las instituciones educativas (SEV, CONAFE, IVEA, U.V.), sino
también de las organizaciones de la sociedad civil que inciden en distintos sectores y comunidades, así como medios de
comunicación, grupos religiosos, e inclusive con programas gubernamentales que aunque tienen un sentido más general,
definitivamente tienen una influencia de tipo educativo, como es el caso de IMSS-Oportunidades.

4.- Se ha promovido un enfoque regionalizado, de manera que la educación ambiental que se lleve a cabo contemple las
características naturales y culturales del contexto local. Se ha buscado también producir materiales educativos y de
comunicación con esta misma orientación.  

A la fecha la consolidación de una estrategia con todas estas características es toda una realidad. Especialmente en los
últimos meses ha habido importantes avances, gracias a la entusiasmada y comprometida participación de instituciones,
organizaciones y personas. Tanto en la Sierra de Santa Marta, como en la zona norte (a la que más comúnmente se conoce
como Los Tuxtlas) se han llevado a cabo talleres, conferencias y eventos (como el desfile para celebrar el Día Mundial del
Medio Ambiente).

La Comunidad de Aprendizaje en Educación Ambiental es toda una realidad, y de manera cada vez más autónoma se
prepara para organizar eventos, capacitaciones e influir positivamente en la cultura ambiental de la región.

Las instituciones de todo tipo a nivel regional y estatal se concientizan y comprometen cada vez más a apoyar la educación
ambiental.

Se han producido diversos materiales didácticos y de comunicación regionalizados: maquetas, manuales, materiales
visuales, folletos, carteles, spots de radio y un video documental que próximamente se estará difundiendo.

A la fecha se ha trabajado de manera directa con más de 2 mil personas. Pero con la estrategia de multiplicación y
participación que hemos descrito, es de esperar que la convocatoria a conocer y a involucrarse en el cuidado de esta
maravillosa región llegue cada vez a más personas. Así, nos iremos dando cuenta del poder transformador que tiene la
educación cuando todo mundo se asume simultáneamente como aprendiz y como maestro. ¡La invitación a participar está
abierta, hemos comenzado!
Educación Ambiental en la Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas
*Texto y fotografías: Demián Ortiz Maciel
Mayores informes: demianudo@yahoo.com.mx y gc.helio@gmail.com
El Cultivo de Productos no Maderables: una Vía para la Conservación de la Selva en la Reserva de
la Biosfera “Los Tuxtlas”.
En estos días en que los medios de comunicación se llenan de predicciones funestas acerca del futuro climatológico y
ambiental del planeta (por cierto en la mayor parte de los casos sin sugerir claramente cómo podría cada uno de nosotros
contribuir a disminuir la gravedad del problema), es bueno saber que también hay noticias esperanzadoras, que aún siendo
de una pequeña escala de aplicación prometen una alternativa viable.

En las semanas pasadas los autores de este texto hemos visitado algunas comunidades de la Sierra de Santa Marta, ubicada
en el sur del estado —y formando parte de la Reserva de la Biosfera “Los Tuxtlas”, la única de su categoría y la más grande de
Veracruz—, para conocer de cerca el paciente trabajo de distintas personas e instituciones que están construyendo una
alternativa que permita a las personas habitantes de esa región obtener su sustento sin tener que tumbar “la montaña”, que
es como le llaman por allá a los distintos tipos de selva que antaño cubrieran grandes extensiones, y que en los últimos
decenios han sido taladas casi hasta acabarlas.

Esta y otras zonas tropicales del país perdieron la mayor parte de su vegetación original debido principalmente al impulso de
políticas públicas que veían a la selva como un obstáculo para el progreso, un territorio “salvaje” que debía ser “civilizado”.
Para lograrlo, a partir de mediados del siglo pasado importantes extensiones de las selvas del sureste mexicano fueron
repartidas entre campesinos de diversas zonas del país que no tenían tierra en sus comunidades o ejidos. Lo que entonces no se
sabía tan bien como hoy es que el suelo de las selvas es originalmente propicio para el desarrollo de sus especies nativas
(grandes árboles, palmas, bejucos, helechos), pero bastante pobre para el cultivo de las especies más comunes en la
agricultura y la ganadería (maíz, frijol, arroz, calabaza y pastos diversos). La alternativa privilegiada fue impulsar a gran
escala la ganadería. Un problema es que esta actividad requiere enormes extensiones de terreno despejado, y fue así que las
motosierras abrieron camino a las reses.

Al cabo de los años, resulta que al menos para los pequeños productores de la Sierra de Santa Marta las vacas tampoco han
sido un gran negocio, y por ello vemos enormes pastizales desiertos donde antes hubo abundancia de vida silvestre. Y cuando
las parcelas ya están empastadas, por no tener capital para comprar los animales se alquilan a ganaderos pudientes que les
pagan muy poco por apacentar sus hatos.

No sólo de ganado vive el hombre.

La deforestación, al menos en la Sierra de Santa Marta, ha disminuido bastante en los últimos años, gracias a que en 1998
buena parte de la vegetación original remanente fue protegida al crearse la Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas. Sin embargo,
para los habitantes de esta región el problema no estaba resuelto: si la ganadería ya no era opción, porque no era
económicamente rentable, o porque sus terrenos estaban dentro de la zona de la Reserva (de hecho la casi totalidad de esta
área natural protegida es al mismo tiempo zona ejidal), entonces ¿qué hacer para subsistir? Para empeorar el panorama, los
recursos comestibles silvestres que antaño brindara la selva, ahora con tanta deforestación eran bienes cada vez más escasos,
y la tala de la selva había traído aún mayores problemas a la agricultura: al no haber bosque, los animales y plagas
empezaron a alimentarse de las milpas de los campesinos, la lluvia disminuyó, los suelos se empobrecieron y los vientos
“sures” golpearon con más fuerza los cultivos.

La respuesta a la interrogante planteada la han venido construyendo ejidatarios de varias comunidades de los municipios de
Tatahuicapan, Mecayapan y Soteapan, apoyados por organizaciones no gubernamentales como el Proyecto Sierra de Santa
Marta A.C. y la Dirección de la Reserva de la Biosfera “Los Tuxtlas”. Una de sus estrategias más importantes es el tema
central del presente artículo: el cultivo de especies no maderables que crecen bajo los árboles de la selva.

Se trata en su mayor parte de plantas que desde tiempos inmemoriales eran aprovechadas en la región, pero que solían
crecer silvestres y simplemente eran recolectadas: el chocho, que es una palma espinosa cuyas flores son un ingrediente muy
apreciado en la gastronomía regional; el tepejilote, otra palma cuyo “cogollo” o tallo tierno (como el palmito del Brasil)
también es comestible; el ixtle o pita, planta de la cual se extrae una fibra muy resistente utilizada para elaborar utensilios y
artesanías; y otras de las palmas de la región utilizadas para ornato por su follaje vistoso (negrita, camedor, mayan, cola de
pescado, etcétera).

Ahora, en vez de seguir extrayendo los pocos ejemplares de estas plantas que permanecen en las zonas más altas de la
montaña, algunos ejidatarios, asesorados por las instituciones antes mencionadas, han establecido viveros en sus solares
donde cultivan estas especies, para luego trasplantarlas a sus parcelas, donde crecen bajo la sombra de los árboles. Claro que
sólo han podido hacerlo quienes conservaban algo de “monte” en sus terrenos. Muchos de estos campesinos ya están
recurriendo, a la vuelta de algunos años, a estos productos para alimentar a sus familias y para vender los excedentes en el
mercado regional, nacional y hasta internacional.

Las ventajas de estos proyectos no terminan ahí. Al volverse cada vez más claro que la conservación de la selva no entra en
contradicción con la obtención de sustento y un ingreso económico, es probable que otros ejidatarios sigan el ejemplo, pues a
los campesinos que no tienen vegetación arbórea, “se les antoja” dejar que partes de sus parcelas se “acahualen” o se cubran
de vegetación espontánea, para volver a tener su “montaña”. Con este tipo de ejemplos, al promoverse a mayor escala este
tipo de proyectos en la región se beneficiarán las poblaciones que dependen del agua que es captada en la Sierra (más de 1
millón  de personas, si contamos a ciudades como Coatzacoalcos, Minatitlán y Acayucan).

En estos tiempos en que el mundo entero está en una carrera contra el tiempo para evitar que “el destino nos alcance”, la
conservación que llevan a cabo estos campesinos es además un testimonio y una importante contribución al bienestar global,
por la captación de bióxido de carbono que lleva a cabo la cobertura vegetal.

Y si ellos están poniendo su granito de arena, viene a cuento preguntarnos: ¿Qué podemos hacer nosotros en las ciudades?  A
ello nos referiremos en una próxima colaboración.
*Texto y fotografías: Demián Ortiz Maciel y Helio García Campos. Proyecto MIE-GEF/ Sendas A.C.
Presentación del video por parte del Proyecto de Sensibilización Ambiental: "Compromiso con el
futuro. Pasos hacia la Sustentabilidad en Los Tuxtlas y la Sierra de Santa Marta".
Este video nos presenta la asombrosa e importante riqueza natural de la región de Los Tuxtlas- Sierra de Santa Marta,
así como algunas de las graves problemáticas ambientales que la aquejan, al tiempo que se enfatiza el esfuerzo que sus
habitantes (apoyados por diversas organizaciones e instituciones) están realizando por buscar o recuperar formas de
aprovechamiento y de convivencia con la naturaleza que no impliquen su destrucción.

El objetivo principal de este material es recordar a quienes ya lo conocen, o bien mostrar a quienes no tienen esa suerte, que
Los Tuxtlas-Santa Marta es un verdadero santuario de vida y cultura. Buscar formas de conservarlo, y al mismo tiempo
satisfacer las necesidades humanas, es el reto que muchos han entendido como un compromiso con el futuro.
Sinopsis
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